viernes, noviembre 02, 2012

Calmo la tormenta que se desató ayer, para hacer un breve reconocimiento a los muertos de mi vida, aquellos que tuvieron mucho y todo qué ver, aquellos que quisieron tener que ver con mi vida, es un pequeño homenaje a todos los que me dieron de sí, en vida, hermanos, en vida... 
Mis abuelas... ellas tan fuertes, tan generosas, tan determinantes y contundentes, una de ellas me hizo daño, quizá sin querer, sin saber que yo me enteraría, pero como desde niña la verdad me llegaba sin ser llamada, desde entonces de cualquier manera, abuela mía te perdoné, tuve la bendita capacidad de hacerlo, más adelante tú misma te reivindicarías al estar a mi lado a pesar de tu precaria salud, en una situación injusta y muy incómoda, tu apoyo lo llevo en mi corazón con alegría.
A mis dos abuelas, no diferenciaré la materna de la paterna, no tiene caso  y no porque no merezcan su mención especial, es que a las dos las amé igual...  la nostalgia me hincha el corazón cuando veo la mantequilla de maní con mermelada de zarzamora, los ponteduros, las fotografías, los membrillos, cuando me veo despeinada recién levantada, las alhajas, cuando recuerdo los gritos queriendo aquietar al nieterío.
Mis abuelos, a los que nunca conocí pero agradezco el hecho de que por ellos estamos aquí, mis padres, mis hermanos, mis tíos, mis primos y yo... viviendo y aprendiendo a vivir... siempre lo repetiré sin cansarme, ¡cómo me habría gustado conocerles!.
Mis tíos que ya se fueron José Luis y Pancho, los dos hermanos de mi madre, recuerdo la mirada de mi madre al ver a su hermano José Luis con el orgullo y el brillo en la mirada con la que sólo se mira a un padre, al padre sustituto que fuiste para ella... y mi tío Pancho todas las risas provenidas de tus benditas ocurrencias, toda esa algarabía tan de ti que nos llenaba a todos de alegrías familiares, nunca olvidaré cuando aventaste aquella sandía enorme que nos compraste y que te cansaste de cargar entre los montes de Tijuana y tuviste la ocurrencia de aventarsela a mi padre que iba más adelante para que no la cargaran ese tramo y se partió en mil pedazos pintando de rojo el cerro aquel.
Mi tía Vicky la esposa de mi tío José Luis y de la que aprendí mucho del desparpajo con el que te manejabas en la vida.
Mi prima Auxy que murió siendo una niña muy pequeña, ahogada en un canal y de la cual tengo fotos donde nos veíamos como dos primas tan felices, a su hermano Rafa que muchos años después partió a hacerte compañía.
Mis propios muertos el que partió un 19 de noviembre, el otro que se fue un 17 de marzo, y otro más un 24 de junio, todos dolorosos, todos apabullantes, todos desgarradores, todos en diferente connotación y contexto, esos muertos que no supero. 
Todos esos acontecimientos de la muerte que no se hablan, que se callan, no porque se quieran ocultar como si fueran un mal presagio, sino porque NO EXISTEN LAS PALABRAS.
También se me han muerto amigos Andrés, Anabel, Esmeralda, Luis Fredy
Mi corazón completito les ofrendo
y que luzca para cada uno la luz perpetua.





3 comentarios:

pato dijo...

Tengo rato aquí, sin saber que decirte en este post lleno de recuerdos, imaginando las risas del tío Pancho o la Abuela con la mermelada de zarzamora ....
Mientras su recuerdo no se apague ellos vivirán.
Me alegra tanto tu regreso al blog.
Un abrazo !!

ARACELI G.P. dijo...

Gracias Rosy!

Shaula dijo...

En la presentación de mis XV, mi Tío dijo que Nacer y Morir no debiera ser antagónico...
Y pues... Yo no sé a dónde van los muertos más sé bien dónde es que se quedan.
En textos, como este, que provienen de corazones como el tuyo, es cuando confirmo que se quedan con uno hasta que... Los alcanzamos.
No son pruebas para superarlos, no.
Tampoco cruces o mandas que cargar.
Más bien, son almitas que se vuelven estrellas y nos acompañan hasta que con ellas subamos a descansar.
Tq.